lunes, 13 de noviembre de 2017

Astillero

 AMLO, McCartney: 64 años
 La paradoja de las insuficiencias
 Sistema mantiene fuerza
 ¿Morena forzará cambios?
Julio Hernández López
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EN MÉXICO IMPERA LA CORRUPCIÓN, DENUNCIA ARQUIDIÓCESIS. La Arquidiócesis de México señaló que lo que impera en el país es la corrupción como sistema. Y es que no importa el control sobre todo, con tal de pactar con el mismo Satán, aunque se traicione a la sociedad, indicó. En la imagen, el cardenal Norberto Rivera Carrera durante la misa dominical en la Catedral MetropolitanaFoto Cuartoscuro
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oy, Andrés Manuel López Obrador cumple 64 años, pero, a diferencia del tono de íntima remodelación en retirada que la canción de Paul McCartney proponía en su famosa melodía Cuando tenga 64 años (When I’m sixty-four, atribuida también a John Lennon, además de McCartney, en el histórico álbum de La banda de los corazones solitarios del sargento Pimienta, en 1967), el político tabasqueño no tiene en sus propósitos de aniversario más que propósitos de actividad pública, de ejercicio de poder.
Hasta ahora, el personaje nacido en 1953 en Tepetitán, una de las dos villas del municipio de Macuspana (con mil 522 habitantes y a 37 kilómetros de la cabecera municipal, según datos de Wikipedia https://goo.gl/nNQapC), encabeza todas las encuestas de opinión referidas a la fragorosa elección presidencial que se realizará el primer día de julio del año entrante. Será ésta su tercera acometida en pos del máximo cargo nacional y, en el contexto del imparable desplome del entramado institucional y del llamado pacto social, sus posibilidades de triunfo parecerían mejores que en 2006, cuando todo el aparato montado en contra del entonces perredista apenas le pudo fabricar a Felipe Calderón un penoso resultado fraudulento de medio punto porcentual de diferencia, y también mejores que en 2012, cuando Enrique Peña Nieto invirtió ríos de dinero (con Odebrecht, como uno de los afluentes) para hacerse mercantilmente de la silla presidencial aunque, irónica pero previsiblemente, desde ahí, ese mexiquense insustancial ha ido creando sistemática y evolutivamente las involuntarias condiciones para el engrandecimiento, por contraste, de su adversario luego creador de su propio instrumento partidista personal, Morena.
López Obrador está en su mejor momento político formal (aunque, a juicio de este tecleador, su momento histórico, el definitorio, fue en 2006, perdido y tal vez insuperable): cuenta con un partido hecho a su gusto y bajo su entero control; no tiene en su nivel directivo figuras de primer nivel consolidado que pudieran significarle contrapesos o pugnas internas (por distintas razones, y aun cuando los reintegrara a su plantilla de trabajo, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal nunca volverán a tener la fuerza interna de 2012, cedida ahora la verdadera operación política a un pequeño círculo en el que priman los hijos del líder); mantiene una incesante presencia en plazas públicas y medios de comunicación desde hace ya más de una década, a título de permanente candidato en espera de los tiempos oficiales, y las circunstancias nacionales estimulan vigorosamente la expectativa de un cambio que lleve a avances en los temas que justamente impulsa programáticamente AMLO: combate a la corrupción, la inseguridad pública, la impunidad y la injusticia social.
La realidad estructural aparece, pues, con malas vestimentas y resultados, descuadrada y grotesca, pero, por paradójico que se viera, implacable en su golpeteo actual y en el diseño del futuro inmediato. Los pésimos niveles de aceptación pública de Peña Nieto, el terrible desempeño de él y su gabinete, los indicios firmes de una corrupción gubernamental como nunca se había visto, y el cinismo y la impunidad como respuesta ante todos los escándalos y evidencias, no han generado hasta hoy más que desahogos en redes sociales, ironía y burlas y un estado generalizado, pero insuficiente, de encabronamiento social.
Podría pensarse incluso que el desenlace de 2018 se dará en el contexto de una paradoja de las insuficiencias. Enrique Peña Nieto, su gobierno y su partido o alianza de partidos han producido, en general, bastantes condiciones para su imperdonable relevo, conforme a resultados, pero las cartas que les quedan, de adulteración y simulación, podrían alcanzarles para conseguir una nueva edición de sus fracasos triunfantes: empanizar al priísmo, con José Antonio Meade como buscador del voto duro del tricolor y del voto convenenciero de la derecha sin mejores opciones (ni Anaya ni Margarita), sería una apuesta en busca de hacer insuficiente la debacle peñista.
Los demás integrantes del retablo principal del sistema se mantienen en plena capacidad de ejercer sus funciones y tretas para intentar un sexenio más a flote: medios de comunicación masiva (con acento especial en los electrónicos), organización electoral (INE), instancias de juzgamiento (tribunal electoral federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con sus magistrados y ministros de sueldos y prestaciones exorbitantes) y élites empresariales (oportunamente reagrupadas con Los Pinos mediante la zanahoria del Fideicomiso Fuerza México y la amenaza del garrote con los Papeles del Paraíso). El uso de la fuerza también está en plena forma: Ejército, Marina, Policía Federal y corporaciones estatales y municipales, más las fuerzas irregulares del crimen organizado, que cada vez tienen más puntos de contacto e influencia en lo político.
No es un asunto menor el relacionado con Donald Trump, como personalización desquiciada de un aparato de poder en declive, pero con una capacidad apabullante de influencia en lo mexicano. Trump y su comisionado ejecutivo para asuntos del traspatio, su yerno Jared Kushner, mantienen controles sobre el proceso mexicano a través de Luis Videgaray y su grupo.
Pero, si el sistema y el actual gobierno han hecho todo para ser desplazados, y aún así todo ello podría resultar insuficiente, algo similar sucede con la oposición partidista. El Frente Ciudadano por México no representa una opción de cambio profundo, sino de continuidad, si acaso con otros colores, o, lo más probable, con estilos de aparente combate circunstancial que, en el fondo, sólo buscan acomodos y negociaciones para acomodarse al libreto peñista.
¿Morena y López Obrador alcanzarán los niveles de movilización y enjundia sociales que fuercen cambios reales en México o todo quedará en otra insuficiencia, en precampaña y campaña exitosas, pero insuficientes, para frenar un fraude electoral más? ¿Dónde celebrará López Obrador en 2018 su cumpleaños 65? ¡Hasta mañana!
Twitter: @julioastillero
Facebook: Julio Astillero

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